jueves, 13 de febrero de 2014

[FF] El galope del Potro (3-?)

Capítulo 3

Andrea seguía inmerso en sus tormentosos pensamientos. Inmóvil. Pensó en ir al callejón y enfrentar al hombre con el que había estado hablando su hermano. Como pudo, recobró el dominio sobre sí mismo y dio unos pasos hacia el callejón. Se adentró en él pero no había nadie. “No vi a nadie salir del callejón”. El hombre se había desvanecido, como si se tratara de la niebla que desaparece con los rayos matutinos del sol. El chico revisaba el callejón en busca de algo que pudiera identificar al hombre misterioso. En la azotea de un edificio, aquel hombre lo vigilaba. “Debo tener cuidado con Cavallone”, se dijo a sí mismo. El pelinegro desistió en su búsqueda. Se sentía impotente.
-          ¡Tenía a mi hermano frente a mí y no pude hacer nada! – gritó enfurecido y pateando los contenedores de basura que se encontraban en el lugar, haciendo mucho ruido.
Andrea se sintió sin fuerzas y cayó de rodillas al suelo. Golpeó con sus puños el pavimento del callejón. Lo hizo con tanta fuerza que empezó a sangrar. Seguía culpándose por no haber detenido a su hermano cuando tuvo la oportunidad. El chico continuaba gritando, y unas lágrimas se asomaron por sus ojos.
-          ¡Amigo! ¿Estás bien?
El ojiazul alzó la mirada y miró, con sus hermosos ojos azules bañados en lágrimas, al tipo que le hablaba.
-          Sí, yo…
-          ¡Estás sangrando! Es mejor que cure tus heridas.
-          Enserio, yo estoy bi…
-          No te preocupes, yo te curaré, ¡al extremo!
“¿Qué le pasa a este sujeto?”, pensó Andrea al verle la cara, mostraba un gran entusiasmo, lo que le daba aires de estar completamente loco, así como de cierta estupidez. Al final, como sabía que era imposible persuadirlo, dejó que lo curara. Lo condujo hasta una iglesia.
-          ¿Aquí? – preguntó el pelinegro.
El otro chico le sonrió y abrió las puertas de la iglesia. Le hizo un ademán al ojiazul para que entrara. El chico extraño desapareció. Andrea se sentó en una de las bancas y esperó a que el otro regresara. Mientras, observó el hermoso vitral que se encontraba frente a él. A los pocos minutos, el chico volvió con su botiquín de primeros auxilios. Se sentó a lado de Andrea, abrió el botiquín y le aplicó  en los puños un desinfectante. Cavallone observó al chico, su pelo era negro. Su vestimenta era muy extraña, una túnica negra con detalles de un color amarillo tan intenso como los rayos del sol.
-          Mmm… ¿trabajas aquí? – le preguntó Andrea.
-          Sí, soy un vicario. Soy Knuckles, un vicario y boxeador, ¡al extremo!
-          Eh… claro… Yo soy Andrea.
-          ¿Qué te pasó para que sangraras así? – Knuckles le vendó las muñecas y las manos del ojiazul, dejando las puntas de sus dedos libres – Estabas gritando como loco.
Andrea se paró.
-          Muchas gracias por tu ayuda. Debo irme.
-          Pero sigues herido…
-          Tengo que hacer algo muy importante.
Andrea salió corriendo del lugar. “Chencho no ha de estar muy lejos. ¡Debo apresurarme!”. Salió del pueblo y continúo corriendo por el bosque. Lo atravesó por completo y llegó a una mansión. “Por fin llegué”. Iba a dar un paso hacia la mansión, en la que solía vivir junto a su hermano, cuando vio a 4 hombres trajeados con armas vigilando. “Debo tener cuidado”. Andrea se trepó en un árbol, próximo a la gigantesca casa, y, una vez que llegó a lo alto, tomó vuelo y saltó. Cayó de cara en una de las terrazas.
-          ¡Ay! ¡Eso dolió! – dijo sobándose el rostro, con una lágrima a punto de rodar por su mejilla.
Se paró y entró por la puerta de la terraza sin hacer ruido.
-          Bien, ahora iré a su estudio.
Atravesó la habitación y salió de ella. Caminó por el pasillo y se detuvo frente a una puerta. Puso su mano sobre el pomo de la puerta. Dudó en abrirla. Sabía que si lo hacía tendría que enfrentarse a su hermano y, posiblemente, tuviera que golpearlo. Decidido, abrió la puerta y entró al cuarto. La habitación seguía igual como Andrea la recordaba: el escritorio, la mesa de estrategias, los dos estantes llenos de distintas armas. Se acercó al escritorio y vio un libro.
-          “El infinito que se encuentra al otro lado del agujero de la dona” – leyó – Pero, ¡¿qué rayos es este libro?! – gritó.
-          Interesante nombre para un libro, ¿no crees?
Andrea alzó la vista y se paralizó.
-          Pensé que estarías bajo el cuidado de Vongola – dijo Chencho, mientras caminaba hacia su hermano menor.
-          Ellos no tienen que ver con nosotros.
-          Ellos tienen mucho que ver, querido hermano.
El pelinegro observó a su hermano castaño de ojos del mismo color que él. “Si lo que Chencho dijo es cierto, puede que aquel hombre del callejón pertenezca a Vongola”.
-          Y bien, ¿a qué se debe tu visita?
-          Eso deberías saberlo. Estoy aquí para evitar que cometas un error.
-          ¿Error? ¡El único error ha sido el no haber hecho esto hace tiempo y dejar que otras familias nos aplastaran y trataran como basura!
-          ¡Nunca fue así! Siempre estuvimos neutrales y ellos nunca se metieron con nosotros.
-          ¿Eso es lo que crees? – Chencho caminó hacia la terraza - ¡Ellos mataron a nuestro padre!
-          ¡¿Qué?! Él murió por su enfermedad.
-          Te equivocas, alguien de la familia que te protege lo asesinó.
Andrea se dirigió a su hermano. Cuando lo tuvo frente a él, lo agarró del cuello de su camisa.
-          ¡Eres un mentiroso! No me dejaré engañar por ti. Por favor, hermano, recapacita o tendré que obligarte.
Chencho tomó un hacha del estante lleno de armas, y amenazó con ella a Andrea.
-          No dejaré mi plan sino me matas primero.
Andrea sacó una daga de su pantalón y se puso en modo de defensa. Chencho se abalanzó sobre su hermano, tirándolo al suelo y sometiéndolo con sus piernas que rodeaban las del otro, y con su mano izquierda, inmovilizando las muñecas y manos. Con la otra mano le acercó la daga a su cuello.
-          Qué fácil eres, hermano.
Andrea podía sentir el frío metal sobre su cuello. Chencho le hizo un corte suavemente en la mejilla.
-          No dejaré que lo hagas, hermano, te detendré – decía Andrea mientras su sangre brotaba de la herida reciente.
El castaño oprimió con más fuerza el cuerpo de su hermano menor, haciéndolo gritar.
-          Supongo que no podrás hacer nada si te corto el cuello – dijo Chencho, colocando el filo de su daga sobre su víctima – Descansa, hermano, que yo cuidaré bien de la familia.
Chencho cortó la piel del cuello de Andrea, sin atravesar los huesos o el otro lado de su cuello pero emanando demasiada sangre.
-          Sólo quédate ahí, muere lentame…
Una fuerte explosión, proveniente de la parte baja de la mansión, interrumpió las palabras malévolas de Cavallone. Miró hacia la ventana y vio a sus guardias tendidos en el suelo. De repente, escuchó un estruendo muy cerca de esa habitación y,  antes de que pudiera actuar, la puerta se abrió producto de una bomba, lo que permitió que los intrusos entraran. Entraron 4 hombres, con sus armas en las manos y dirigiéndose sin titubear hacia Chencho.
-          Vaya, vaya. Pero si es Vongola y sus guardianes.
Giotto miró a Andrea en el suelo, con las manos sobre su garganta para evitar que saliera más sangre. Se acercó a él y colocó su cabeza sobre su regazo, cortándose un pedazo de su camisa para envolver el cuello de Andrea e impedir un poco la hemorragia.
-          Ya ni te preocupes por él, Vongola, morirá en poco tiempo.
Andrea se desmayó. Alaude ayudó a Giotto a cargar con el pelinegro.
-          Has lastimado a mi amigo y lo pagarás – sentenció el jefe Vongola mirando con fuego a los ojos del jefe Cavallone, y se fueon.
G cuidaba la espalda de su jefe. Así, el único que quedó en la habitación con Cavallone fue Daemon.
-          Nos volvemos a ver, Spade. Creo que no le has dicho a Vongola todos tus pecados.
-          Te silenciaré antes de que lo hagas. Ya nos volveremos a encontrar y será la última, Chencho.
-          Lo ansío.
El chico piña salió del cuarto, siguiendo a Giotto y a los demás, pero no sabía que alguien lo había escuchado, alguien que pareciera que expandiera sus sentidos a todos lados, como una nube que se expande por el vasto cielo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

[FF] El galope del Potro (2-?)



Capítulo 2      

            - ¡¿Cavallone?! ¡¿La familia de asesinos?! - exclamó el pelirrojo, después dirigiéndose al Primo – En ése caso es mejore eliminarlo.
Antes de que el rubio dijera algo, el pelinegro habló con las pocas fuerzas que le quedaban.
-          Sí, soy de Cavallone pero… mi familia… está…
El chico se desmayó. G continuaba con su intención de matar al chico del cual desconfiaba tomando su arco y apuntándole a la cabeza, pero la mano y la negativa en la expresión del rubio lo detuvieron. Giotto se inclinó y pasó el brazo del desmayado atrás de su cuello, tomándolo con la otra por la cintura.
-          Vamos a casa. Allá nos contarás tu historia.
Cuando por fin despertó, Andrea se encontró acostado, con el pecho desnudo y vendajes, sobre una inmensa cama en una gran habitación. El chico se incorporó sintiendo de nuevo el dolor que le causaban sus heridas. Se paró de la cama y comenzó a caminar en la habitación, observando los cuadros italianos colgados en la pared, los dos libreros gigantescos, un armario y unas fotos colocadas sobre un estante; eran fotos del Vongola con su familia. A lado de éstas, había un papel, él lo tomó y leyó: “Si ya despertaste siéntete libre de usar el baño. Tus heridas ya fueron tratadas pero no te esfuerces. Una vez que estés listo, una persona te llevará conmigo para que hablemos. Atte. Giotto Vongola”. A lado del nombre había un símbolo algo extraño, parecía una concha de mar con alas, corona y demás cosas raras.
El pelinegro dejó el papel donde lo encontró y, del otro lado de la habitación encontró la puerta que daba al baño. Abrió la puerta, terminó de quitarse la ropa y las vendas y entró a la regadera. Mientras las gotas de agua recorrían su cuerpo, se puso a pensar sobre lo sucedido con su hermano y lo que podría ser el final de su familia. “Definitivamente iré por ti, hermano”, pensaba. Salió del baño y vio que sobre la cama había ropa. “¿De dónde habrá salido?”. Se puso el pantalón negro y la camisa azul claro. Una vez vestido, salió del cuarto y, para su sorpresa quien lo llevaría con Giotto era el chico con cara de maldito mafioso.
-          Sígueme – le dijo secamente.
Andrea caminó tras él en silencio mientras que veía el largo pasillo de aquella mansión. Tras unos minutos caminado, el chico pensó que el pelirrojo lo llevaba a un cuarto de tortura pero ésa idea cambió cuando G se detuvo y abrió una puerta; hizo una señal a Cavallone de que entrara. Ambos chicos entraron. El pelinegro observó en la mitad de aquel lugar una gran mesa rectangular con ocho sillas; sentado en la parte ancha sobre una silla que se veía muy cómoda, Giotto le hizo un ademán para que se sentara. G se sentó a la derecha de su jefe mientras Andrea se sentó del lado izquierdo dejando un lugar vacío.  El pelinegro se disponía a contar su historia pero “flamitas” lo interrumpió.
-          Espera un momento…
Al decir eso, la puerta se abrió y aparecieron dos tipos. Uno de ellos vestido con una gabardina, de pelo corto y blanco, (¿)se sentó en el lugar que Andrea había dejado. El otro tipo tomó asiento frente al pelinegro, y lo primero en lo que se fijó del recién llegado fue en su extraño peinado. “¡Wow! ¡Es un chico-piña!”, y tras pensar eso un “ja” escapó de sus labios. Una vez que todos se sentaron, Giotto habló.
-          Bien, antes de comenzar – dijo dirigiéndose a Andrea – te presentaré. Él es Alaude – señaló al de cabello blanco – es mi consejero externo – el chico lo saludó con un leve movimiento de cabeza – Y éste – señaló al chico-piña – es Daemon Spade.-  la Piña miró al pelinegro con un dejo de desprecio – Bueno, a él ya lo conoces, mi mano derecha, G.
 “G, ¿qué clase de nombre es G?”, se burló el pelinegro.
-          Él es Andrea Cavallone.
-           ¿Cavallone? ¿Acaso no es un enemigo? – preguntó Spade.
-          Lo mismo digo. Deberíamos asesinarlo ahora mismo – al pelirrojo se le dibujó una expresión sádica en el rostro.
-          No – contestó su jefe tranquilo – por lo poco que sé, su familia está en peligro y todo se debe a su hermano mayor, quien es el jefe de la familia Cavallone. Andrea no es una mala persona. Bien, ¿ahora nos contarás tu historia?
El pelinegro que no había dicho nada en lo que hablaban los otros tipos, estaba inmerso en sus pensamientos. La voz del rubio llamándolo distrajeron al ojiazul, su voz sonaba preocupada.
-          ¿Andrea?
-          ¡Ah! – exclamó por fin – Yo no tengo nada que decirles.
-          Deberías. Vongola ya está involucrada en tu problema – dijo Alaude – desde que un miembro de nuestra familia murió.
-          Yo nunca les pedí ayuda ni que se involucraran – contestó fríamente el pelinegro.
-          Ya lo estamos y, por favor ten en cuenta que Vongola te ayudará – dijo Giotto.
-          Déjelo, Primo. Si él no quiere nuestra ayuda deberíamos dejar que su hermano lo mate…
-          Es suficiente, G – el rubio lo reprendió con la mirada.
Cavallone pensó en lo que el chico con gabardina había dicho. “Tiene razón, ésa persona murió porque ésos tipos me perseguían. Al menos debería contarles el motivo de aquello. Después yo solo me encargaré de ello”.
-          Bien – dijo al fin, cruzando sus piernas y mirando por unos momentos hacia el techo – Mi hermano mayor, Chencho, tomó el cargo de la familia Cavallone tras la muerte de nuestro padre. Pero mi hermano no es como mi padre. Él procuraba mucho a la familia y evitaba el tener problemas con la mafia. En cambio, mi hermano tiene la idea de que debe meter a los Cavallone en el bajo mundo – soltó un gran suspiro – y posicionarse como la familia más poderosa y, de ésa forma, mejorar el estilo de vida de la familia. Así que empezó a reclutar hombres para su “ejército”, pero no todos se ofrecían voluntariamente y forzó a los hombres, incluso a jóvenes inexpertos, a entrar a la guerra contra la familia Cavalcanti – guardó silencio unos instantes y prosiguió – Yo intenté que entrara en razón, su ideal estaba costando demasiadas vidas, pero en vez de que me hiciera caso… él me contó acerca de un plan que seguramente involucrará a tu familia – se dirigió a Giotto.
-          ¿Plan? – preguntó Alaude.
El chico rubio escuchaba atentamente con los ojos cerrados, como si estuviera meditando o planeando algo.
-          Lo que Chencho quiere es enemistar a las familias aliadas de Cavallone. Los que sobrevivan a ésa masacre contarán con el apoyo de mi hermano y serán parte de su ejército. Una vez que tenga a los hombres más fuertes, comenzará a atacar a las demás familias y, conociéndolo, obligará a los perdedores a unirse con él. Al final, atacará a las grandes familias como la tuya, Vongola.
Giotto abrió los ojos y miró a Andrea.
-          ¿Y cuándo planea Chenco atacar? – preguntó G con la misma mirada despectiva hacia Cavallone.
-          No lo sé –contestó poniéndose de pie.
-          ¡¿Cómo que no lo sabes, maldito?!
Giotto puso su mano sobre el hombro izquierdo del chico tatuado tratando de calmarlo.
-          Como sea, debemos estar preparados para lo que venga.
“No puedo dejar que se involucren más”, pensaba Andrea. “Fue bastante con que me ayudaran en la cabaña. Esto debe hacerlo por mi cuenta”. El chico, sin decir más, salió corriendo de la habitación. El rubio trató de detenerlo pero G lo detuvo del brazo.
-          Déjalo. Creo que él sabe que en sus condiciones no puede hacer mucho.
-          Siento que no nos contó todo – dijo Alaude pensativo.
-          Sí, Chencho es un gran estratega y estoy seguro que oculta algo – Spade se paró – Iré a investigar unas cosas. Me retiro.
El chico con peinado en forma de piña se fue. Salió de la mansión y se dirigió al bosque, mirando de vez en cuando hacia atrás vigilando que nadie lo viera o siguiera. Del otro lado de ése lugar, Andrea caminaba con dificultad, una de sus heridas se abrió cuando salió corriendo de la habitación y, ahora entendió el porqué de no esforzarse mucho. El bosque, a diferencia de la noche anterior, se escuchaba con mucha vida, podía oír a las ardillas correr por ahí. “Ahora lo que debo hacer es regresar a casa y lograr que Chencho olvide ése tonto plan. Si no quiere entender con palabras  lo obligaré con una golpiza”. El pelinegro siguió caminando pero se detuvo al escuchar un ruido. Eran los pasos de una persona que, por juzgar por el sonido, tenía prisa. El chico se aproximó hacia donde se oía aquello. Se escondió atrás de un árbol y vio a un hombre encapuchado. “¿Quién será?”. El hombre misterioso, tras caminar casi media hora, llegó a un pueblo. El ojiazul continuaba escondido. “Por qué rayos persigo a ése tipo?”.
Aquel hombre se metió a un callejón. Andrea, que estaba recargado en una pared a cierta distancia de él, vio que alguien más se acercaba a ése sucio callejón.
-          Esto es tonto, debería estar planeado qué decirle a Chencho y estar camino hacia su casa en vez de estar persiguiendo a un tipo que nada tiene que ver – se dijo a sí mismo en voz alta.
Ya se disponía a irse cuando una voz lo detuvo.
-          ¡Ciao! ¿Para qué querías verme?
“Yo conozco ésa voz “.
-          Eres muy cínico para preguntarme eso – dijo enojado el chico encapuchado.
-          ¿Yo? Dime, no sé de qué hablas – contestó tranquilamente el recién llegado.
-          ¡Tú…! Hablo de tu estúpido plan.
-          ¡Ah! Eso.
-          Yo te apoyé para que tu familia dejara de ser una vil bola de gente e hicieran algo más de su vida, ¿y así me pagas? ¡¿Traicionándome?! – la voz del encapuchado estaba llena de odio y rabia. – Me las pagarás, Cavallone, esto no se quedará así.
“¿Cavallone?, ya sabía que reconocía su voz”.
-          Me da igual lo que quieras hacer, tú familia caerá ante Cavallone. Nunca confíes en alguien de la mafia. Ése ha sido tu error y ahora perderás todo por lo que has luchado, S.  
Una vez que el tipo dijo eso, se fue así de rápido como había llegado. Andrea estaba paralizado. “¿Realmente mi hermano tiene intenciones de seguir con aquel plan? ¿Quién era el hombre con el que hablaba”? Mientras el pelinegro reflexionaba en lo que había pasado, el chico del callejón se quitó lo que cubría su cabeza. Su rostro estaba rojo del coraje. El viento otoñal movió su extraño cabello como si se moviera al ritmo de sus emociones que clamaban sangre.

viernes, 7 de febrero de 2014

[FF] El galope del Potro (1-?)



El siguiente fanfic, está basado en los personajes y el universo del manga de Akira Amano, Katekyo Hitman Reborn!; a su vez, introduzco dos personajes originales.
El galope del Potro cuenta la historia del 1ª Cavallone y cómo conoce a la familia Vongola.
Sin más, dejo el primer capítulo.
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Capítulo 1

La fría noche que envolvía al bosque y la amarillenta luz de la Luna, que daba al lugar un aspecto siniestro, eran los únicos testigos de los ruidos que resonaban con mucha fuerza. Al estar todo en completo silencio, hasta una hoja cayendo al pasto se escuchaba como si fuera un elefante que cae de su monociclo. Lo que se oía ahora era el tronar de ramas y hojas al ser pisadas con algo. También se podía percibir un murmullo.
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-      - ¡Tengo que… seguir… - decía un hombre, de cabello negro y ojos azules, mientras corría a través del bosque  – debo… resistir…!

Un poco más atrás de donde se encontraba el hombre, otras personas, vestidos de negro, corrían con pistolas, navajas y lámparas en las manos.

¡     - Hay que encontrarlo! – gritó uno de los hombres, quien parecía liderar a los otros - ¡No lo maten, el jefe lo necesita con vida, pero no le pasará nada si no tiene alguna extremidad!

El líder rió y sus hombres le siguieron. El ojiazul, pudo escuchar muy de cerca esas risas. Sabía que si no se apuraba, sería el final para su familia. A él no le importaba su propio bienestar, sino el de su amada familia. No podía dejarla en aquellas condiciones. Empezó a correr más aprisa, esquivando los árboles y saltando sus raíces como pudo, pero, ya muy cansado, apenas y podía estar de pie y ver claramente. El sudor que brotaba empezaba a serle molesto, recorría todo su rostro y cuerpo. El crujir de las ramas le advirtieron que sus perseguidores le pisaban los talones. “Están cerca. Debo seguir…” Sin embargo, el cansancio lo venció, haciéndolo tropezar con una catarina que iba camino a resguardarse del frío en un tronco. Una vez en el suelo, la fuerza en sus brazos y piernas no respondieron, y menos cuando se dio cuenta que aquellos hombres estaban frente a él.

- ¡Miren, chicos! ¡Aquí está el prófugo!

El llamado “prófugo” veía al líder, sabía que no podría escapar de él y sus hombres en tales condiciones. “Si tan sólo tuviera la fuerza suficiente…”, pensaba.

- ¿Lo llevamos de regreso? – preguntó uno de los hombres.

      - No. Ya está muy oscuro – contestó el líder – mejor mañana lo llevamos ante el jefe, hay que buscar una casa o algo. Así sirve que podemos divertirnos con él un rato, ¿no creen?

De las nubes grises que decoraban el manto negro y estrellado, comenzaron a caer gotas de lluvia. El pobre hombre, escuchaba lo que los hombres decían, pero cuando el líder se acercó a él, la vista se le nubló.


-     - Cerca de aquí hay un pueblo. Diez de ustedes se vienen conmigo, los demás vayan a ver si sacan algo de provecho.
-          -¡Sí, señor! – exclamaron los demás.

Uno de los hombres cargó al perseguido y, junto al líder y otros ocho, se encaminaron en busca de un refugio para la fuerte lluvia. Ya cuando se iban a meter a una cueva, uno de ellos vio a una corta distancia una casa.
Mientras, los otros hombres llegaron al pueblo. Para ser más de las doce de la noche, en el pequeño pueblo italiano aún se podía percibir la alegría de sus habitantes nocturnos. A unas cuadras de donde ellos se encontraban, se escuchaba el bullicio de la gente que bebía y seguía divirtiéndose en la feria local. Los hombres de negro, sacaron sus armas y caminaron hasta el lugar. Al principio, la gente no los vio pero cuando uno de ellos disparó de forma mortal a uno de los habitantes, comenzaron a correr y gritar asustados. Los vándalos  irrumpieron en las casas cercanas a la feria, robando e hiriendo a sus moradores. 
En una mansión no muy lejos de ahí, un hombre de pelo rojo, y con una especie de tatuaje en el lado derecho de su rostro, caminaba presurosamente en el pasillo, dirigiéndose a una gran puerta. La abrió y en el inmenso cuarto, un hombre rubio y de ojos azules, sentado en un sillón rojo, levantó su mirada para ver al pelirrojo.
-       
              - ¿Ocurre algo? –preguntó el ojiazul.
    - Me temo que sí. – dijo el pelirrojo tras hacer una breve reverencia - Acaban de informar que aproximadamente 20 tipos armados irrumpieron en casas, asaltando y matando a una persona.

El rubio se paró. Tomó del escritorio unos guantes blancos  con el número 27 grabados en ellos.

- ¡Vámonos!

En el pueblo, los sujetos armados, con costales llenos de dinero, joyas y demás cosas, ya se disponían a irse. Casi a las afueras del pueblo, uno de ellos, que estaban liderando al grupo de bandidos, cayó, poniéndose de rodillas.

- ¡Hey, Mario! ¿Qué te pasa? –gritó uno de los hombres.

La boca de Mario escupió sangre, sus compañeros se acercaron a él. Un gruñido se escuchó al ver que Mario había sido alcanzado por una flecha, atravesándole el pecho. Al darse cuenta de ello, tomaron sus armas, listos para cualquier cosa, pero de la nada salieron otras flechas, dando a 5 blancos.

- ¡Malditos! ¡Salgan de sus escondites, cobardes! – exclamó uno de los bandidos.
-     - Si es lo que deseas – dijo una voz desde la frontera del bosque.

El chico rubio, acompañado del pelirrojo y otros 10 hombres, salieron del bosque. El chico del tatuaje tenía en sus manos un arco, y el que parecía ser su jefe, tenía sus manos envueltas en flamas, al igual que en su frente, sólo que ahora sus ojos eran del color del fuego, mostrando destellos naranjas y amarillos. De unos golpes propinados, unos flechazos y unos disparos a los hombres trajeados, sólo quedaron en pie unos 6, los cuales corrieron hacia el bosque, con todo y las cosas que habían robado, buscando ayuda de sus otros compañeros.
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             -  Sigámoslos – dijo el rubio– nos llevaran con su jefe. Tenemos que devolver lo que robaron.

En lo que pasaba eso, en la casa en el bosque, el chico castaño ya había despertado. Lo primero que sintió al despertar fue una cosa que le raspaba y le provocaba algo de comezón, “¿será un cactus? Me pica mucho.” Pero vio que era una cuerda la cual le ataba manos y pies.
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 -    - Así que ya despertaste – dijo el líder con una navaja en la mano.
-    - Por favor, piensa en lo que estás haciendo, Lucius. Lo que Chencho quiere hacer no es lo correcto y tú lo sabes.
¡     - ¡Cállate! ¡¿Tú qué sabes?! ¡Dándole la espalda a tu hermano cuando te necesita! ¡Eres un traidor! – el tipo empuñó con fuerza la navaja y se la clavó al ojiazul en el vientre.

El chico de gritó ante el dolor que le provocaba la herida, la cual no era mortal pero era obvio el dolor que le causaba. El líder comenzó a reír tras ver la casa de sufrimiento de su víctima. En eso, los hombres que habían escapado del chico rubio y los otros, entraron a la casa, exaltados.

- ¡Líder! ¡Mario y los demás fueron asesinados por unos sujetos! – dijo uno de los recién llegados, apenas y pudiendo respirar.
¡     - ¿Qué?! No podemos…
¿   - No pueden qué, desgraciados? - se oyó la voz de un hombre, se escuchaba en el marco de la puerta principal.

El rubio y el pelirrojo estaban en la entrada. Al verlos, los vándalos se estremecieron y se resguardaron tras su líder.

      - S-son ellos...
     - No les perdonaré lo que hicieron, robaron a familias y asesinaron a un miembro de mi familia – dijo el ojifuego mostrando una actitud desafiante.

Con sus manos envueltas en llamas, fue golpeando a los hombres que se le cruzaban. El chico tatuado le entró al quite con sus flechas, acertando cada uno de sus tiros al pecho. El líder se quedó paralizado al ver a sus hombres noqueados tan fácilmente, siendo él único en pie. El pelinegro veía el espectáculo maravillado hasta que un pensamiento le surgió “Un momento… ¿a mí también me golpearán? El tipo de las flamitas se ve enojado… y el otro tiene pinta de pandillero…” En su cara se dibujó una expresión de horror. En lo que él pensaba aquello,  el líder  se hizo para atrás pero no pudo escapar del súper gancho derecho de “flamitas”, siendo también noqueado.

     - Mira, aún queda uno –le dijo el pelirrojo al rubio, quien ya no tenía las flamas y sus ojos volvieron a un hermoso azul, señalando al cautivo.
-          - Él no es de ellos. Además está herido.
-          - Hay que verificar – y, dirigiéndose al chico atado - ¿Tienes que ver con ésos bastardos?
      - No tengo que responderte – contestó con brusquedad y volteando la cara a otro lado.
-          - ¡Entonces te mataré!
- Yo… nunca pensé que mi hermano fuera capaz de mandarme a matar… - decía el pelinegro como si se hablara consigo.
-    - Te ves débil – dijo el rubio, desatándolo – te llevaremos a mi casa.
-        - P-pero, Primmo, no sabemos nada de él, y ¿si es un hitman que lo quiere eliminar?
     - No es así, G – dijo el rubio con una gran serenidad.
-        - Primmo… - el pelirrojo desistió en tratar de convencer a su jefe al verlo tan convencido por lo poco que el misterioso chico había dicho.
     - Me llamo Giotto, Giotto Vongola –el jefe tendió su mano al pelinegro.
¿   - Vongola, dices? – exclamó sorprendido, haciendo que volteara a ver a su interlocutor.
-        - Sí, ¿algún problema?
     - No – y el chico volvió a su actitud ruda, cerrando los ojos en forma desafiante – pero, hay algo que puedes hacer.
     - Claro- contestó el otro alegremente.
-       - ¡P-primmo! –intervino el pelirrojo en tono de reproche.
     - Tranquilo, G – contestó su jefe, luego dirigiéndose a su nuevo invitado - Pero dime tu nombre antes.
     - Soy Andrea Cavallone – dijo, con un tono algo frío, apretando la mano de Giotto.